LA VIDA COMO LA CONOCEMOS QUE SERIA SIN EL TIEMPO



LA VIDA


muchos autores hablan de la vida como base y fundamento pero la vida se sostiene gracias a los cimientos del tiempo. esí, la vida solo seria un papel en blanco sin el tiempo, la verdadera prueba de nuestra existencia es el tiempo razon la cual lo deberiamos tenerlo mucho mas en cuenta ya que lo necesitamos y aun asi lo gastamos aunque no queremos...
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¿que es el tiempo?

El tiempo siempre ha sido un concepto fascinante pero difícil de explicar, desde conceptos filosóficos hasta físicos, desde Platón hasta Albert Einstein. Stephen Hawking ha lanzado también su teoría del tiempo en su libro “A brief history of time”.
El tiempo es un concepto que manejamos diariamente. Sin embargo, los científicos todavía no se ponen de acuerdo en qué es. Una de las teorías más revolucionarias fue propuesta por Albert Einstein. Sin embargo, siempre quedaban dudas en el aire. Sthepen Hawking, uno de los científicos mas renombrados actualmente ha propuesto una nueva teoría del tiempo.



El considera al tiempo como formado por tres flechas: la flecha termodinámica, la flecha cosmológica y la flecha psicológica.
En nuestro universo, actualmente las tres flechas apuntan hacia una misma dirección, sin embargo, esto puede que no siempre sea así. La flecha termodinámica está basada en la segunda ley de la termodinámica, que indica que en cualquier sistema cerrado, el desorden (la entropía) aumenta con el tiempo. Por ejemplo, si un vaso de agua (estado ordenado de la materia) se cae desde una mesa, esta se rompe en varios pedazos (estado desordenado). Si filmáramos un video y pasáramos en cámara lenta la caída del vaso de agua, veríamos cómo se va desordenando cada vez más conforme pasa el tiempo.
La flecha psicológica es la que nos ayuda a percibir el tiempo, y esta apunta hacia adelante. Esto se puede explicar ya que los sucesos son grabados en el cerebro, aumentando las conexiones y el nivel de “desorden” de las neuronas.
La flecha cosmológica, es la que fue utilizada por Einstein para explicar el tiempo como causado por un universo en expansión. Sin embargo, se supone que en algún momento el universo empezará a colapsarse (en un big crunch), por lo que se podría pensar que la flecha cosmología cambiaria su orientación.
Aquí está, una teoría más que trata de unificar conceptos ya manejados por otros científicos. Sin embargo, para mí una película aburrida siempre tardará más que una gran película.

El tiempo y su medida



Hablar sobre el concepto de tiempo es mucho más difícil que hacerlo sobre algo bastante más concreto como es su medida. Y esto es porque esta escurridiza magnitud física puede medirse sin más dificultades que las de tipo tecnológico. Sin embargo, la cosa cambia radicalmente en cuanto pretendemos establecer una definición que nos acerque a su concepto, algo que veíamos que también pasa con otras cuestiones interesantes como es el azar.
Desde que podamos recordar, filósofos y científicos, entre los que se han encontrado Newton o Einstein, dedicaron una ingente cantidad de tiempo en la búsqueda de una definición apropiada, y sin que sus resultados dejaran satisfechos a todo el mundo. Por tanto, no será en esta modesta entrada donde intentemos enmendarles la plana, y preferiblemente nos centraremos en tratar del problema más asumible de su medida.
El tiempo es una de las magnitudes fundamentales en la Física, en donde su unidad de medida en el Sistema Internacional es el segundo. Aquí ya podemos observar, sin demasiado esfuerzo, que esta magnitud ya es diferente a otras fundamentales como la masa y la longitud; en particular, en que no podemos influir en su transcurso, como sí que podemos añadir o quitar masas, acotar las distancias, e incluso movernos en los dos sentidos de una longitud.
Además, tradicionalmente la Oficina Internacional de Pesos y Medidas, situada en París, ha conservado patrones físicos de estas otras magnitudes fundamentales, como por ejemplo el patrón de longitud, una barra de platino e iridio, y el de masa, un cilindro del mismo material, pero es obvio que no existe un patrón de la unidad de tiempo susceptible de ser mostrado en un museo a la manera tradicional. Esto es porque el tiempo debe medirse mediante la observación  de eventos periódicos, y estableciendo la cantidad de sucesos que ocurren en la unidad que se quiere medir, lo que debe hacerse ad hoc en cada momento. Por ello, el problema de su medida se traduce en seleccionar cuales deben ser esos eventos de tipo periódico.
Los primeros fueron fenómenos naturales de carácter astronómico, y de entre ellos el más natural es la duración del día. Otros eventos periódicos, de mayor duración, fueron las fases de la Luna y los ciclos de las estaciones. Todos estos fenómenos dieron lugar a la elaboración de calendarios, que median transcursos de tiempos de larga duración. Evidentemente, una medida que podríamos calificar de grano grueso, susceptible de ser realizada sin aparatos, de los que se carecía en esos tiempos primitivos.
Más adelante, y ya para fenómenos de menor duración se emplearon, por un lado eventos en el propio cuerpo humano como son los latidos del corazón, con el inconveniente de una gran irregularidad, o bien relojes basados en fenómenos físicos con periodicidad más precisa. Los primeros relojes conocidos se basan en la velocidad de salida del agua por un orificio, cuya regularidad es bastante alta, y el movimiento de una sombra originada por el sol a lo largo del día.
Puede que los relojes de agua fueran empleados por primera vez en China hace unos 4.000 años. No obstante, el primer reloj de agua del que se tiene constancia física es una vasija egipcia datada entre los años 1415 a 1380 AC, perteneciente al reinado de Ahmenotep III encontrada en uno de los templos de Karnak. Estas vasijas cerámicas, conocidas por su nombre griego de clepsidras, tenían forma de cono truncado, con un orificio en el fondo y marcas en su interior. Se llenaban de agua, que al salir iba descubriendo las diferentes marcas dando la medida. La velocidad de salida no es exactamente constante, pues el peso de la columna de agua varía, y por ello se perfeccionó el mecanismo llegando a alcanzar cotas de precisión extraordinariamente altas en las fabricadas por Ctesibio de Alejandría.
En cuanto a los primeros relojes de sol conocidos se encuentran en algunos obeliscos, de los que alguno data del año 3.500 AC. Los relojes de sol constan de un estilete conocido como gnomon que proyecta su sombra sobre una superficie plana colocada bien vertical u horizontalmente, donde se encuentran unas marcas. A medida que el sol se desplaza en su recorrido diurno, el gnomon proyecta una sombra que recorre dicha superficie marcando las diferentes horas del día. Si la superficie es vertical el gnomon debe formar un ángulo con la superficie que se corresponda con la latitud del lugar. El mayor reloj de sol de la antigüedad fue el reloj de Augusto descrito por Plinio el Viejo.
Ya durante la Edad Media apareció un nuevo tipo de reloj que usaba unos pesos y muelles. Estos relojes usaban un peso unido a una cuerda enrollada en un cilindro que movía una rueda de corona, que disponía de unos dientes en su circunferencia. La caída del peso hacia girar la rueda dentada que, a su vez, movía un eje vertical en cuya parte superior disponía de un balancín con otros dos pesos. El balancín se movía con una oscilación en ambos sentidos al paso de cada diente de la rueda de corona, mediante "pasos" discretos que medían el transcurso del tiempo. Cada paso, además, producía un ruido característico, el tic tac, que desde entonces se ha asociado al paso del tiempo.

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